Bienvenid@ / Afayaiv@


¡Hola!
Recibi la mio bienvenida a esti llar

28 noviembre, 2006

Aboño; adiós Aboño

Aboño: una palabra de 3000 años

Antes de abandonar el despacho, le pregunto a una compañera irlandesa: Helen ¿puedes recordarme como se dice “río” en gaélico? Helen me dice la palabra, reforzando la oclusiva, aspirando sobre la n en lugar de palatalizando, pero es la misma palabra, perfectamente reconocible, que nombra el lugar donde yo nací, y toda la tristeza acumulada al leer la prensa asturiana de este mes de agosto de 2006, muy lejos de Asturias, vuelve una vez mas. En Asturias abundan los topónimos de origen celta, pero tal vez pocos sepan que hay un lugar cuyo nombre se pronuncia hoy tal como lo pronunciaron los celtas hace mas de 2000 años, una palabra que no ha cambiado, fiel a su origen: abonh_o, aboño, la vieja palabra celta que significa río, que sobrevive en todos los Afon del País de Gales, en el Stratford-upon-Avon de Shakespeare, en los Aben de Bretaña, en los abonha de Irlanda, y en el río Aboño, que aún conserva el nombre que los celtas le dieran en una lengua con la que uno podía circular y entenderse desde las orillas del río Aboño hasta las orillas del río Elba, 2000 años antes de Cristo, un río que en un tiempo fue hermoso, digno de llamarse así, aboño, el río a secas, formando tan espléndido estuario, al pie de la Campa de Torres, que su fama llegó a oídos de Tolomeo, quien lo nombró y describió en su geografía trazada hace milenios, y causó la admiración de Estrabón, que describió pausadamente a los celtas sumergiéndose en sus aguas para capturar ostras de las que extraían esplendidas perlas, con las que se paseaban ufanos por lo que en otro tiempo fue la playa de El Bocal, la playa de Aboño y por lo que aun hoy son las playas de Piedra Maria y Xivares. La vieja palabra celta pasó a nombrar la colina cercana, la vasta colina conocida como Alto de Aboño (el alto sobre el río) por la que sin duda pasearon druidas y legionarios, y en la que el arqueólogo Barry Cunliffe concibió, hace poco mas de diez años, frente a la magnifica visión de la bahía que se extiende entre Torres y Peñas, el sobrecogedor comienzo de su libro sobre el Océano Atlántico, “Facing the Ocean”. No sé cómo reaccionará Barry cuando se entere de que el Alto de Aboño va a ser destruido en su integridad.
Para mí, que nací y viví en el Alto de Aboño, es un alud de recuerdos el que se abre, como una voz que susurrase: habla memoria, habla memoria. Habla por todas las personas que vivieron en ese lugar, y de las que nadie se acuerda.Para cuando yo nací, en 1963, los celtas ya no estaban allí, físicamente, pero, como en tantos otros lugares de Asturias, su espíritu había impregnado el aire salitroso, el olor de helechos que respiré en la mañana de un verano húmedo de hace cuarenta años, caminando con mi madre hacia la playa de Piedra María junto a la casería de Pepín de Miguel, guarnecida por los seis perros más feroces y aterradores que he conocido en esta vida. El Alto de Aboño en los 60 se había impregnado del espíritu de la época: mi segundo recuerdo es el de una ventana abierta hacia el océano por la que se escuchaba la música de Michelle, de los Beatles. Marisol y Carmina llevaban minifaldas rojas de lunares que hacían girar la vista a todos los obreros de la fábrica de Tudela Veguín. Laura Fernández, de Candás, paseaba sus maravillosos 22 años, ajustándose su pañoleta como una heroína de la nouvelle vague, por la playa de Piedra María en compañía de John Harvey, hijo de un exvoluntario de las Brigadas Internacionales. Y las hogueras de las noches de San Juan en el Alto de Aboño eran algo inenarrable: el fantasma de todos los celtas que habían poblado la colina venía a tomar sidra, comer huevos duros y saltar alrededor del fuego, la noche entera, con los más del centenar de vecinos que vivíamos en el lugar. Eran los 60, yo estaba en este mundo, y el lugar en el que vivía era el Alto de Aboño. En la infancia todo es infinito, pero fue un privilegio que mis primeras impresiones tuvieran lugar precisamente allí, y como si guardasen una magia especial que encerrase el secreto mismo de mi existencia, vuelvo con frecuencia en sueños al Alto de Aboño. El Alto de Aboño en los 60 era una sociedad mestiza que convivía armoniosamente. Había campesinos asturianos de toda la vida, como mi abuelo, y había personas de muchas regiones de España, Andalucía, Galicia, Extremadura, Cataluña, Castilla, que trabajaban en Tudela Veguín, en El Musel, en la J.O.P. en la construcción... Por las noches se blasfemaba en andaluz, y por el día se conspiraba en asturiano. En verano las ventanas estaban abiertas hasta la madrugada, y sobre el canto de los grillos prosperaban conversaciones de casa en casa, contándose lo hermoso o fatigoso que había sido el día. Cuando al fin cesaba ese susurro, uno se dormía sobre el arrullo de las mareas en Playa María y Xivares. Teníamos a Nimo, que había estado en las batallas de Belchite y Guadalajara, y que nos las contaba con pelos y señales a un tropel de chiquillos asombrados cada vez que nos veía desplegar nuestros soldaditos de Hazañas Bélicas comprados en el kiosco de la estación de El Carreño en Aboño. Los mismos chiquillos que cada mañana emprendían el camino colina abajo hacia la escuela, con el riche recién comprado al panadero que puntual acudía con su furgoneta desde el mismísimo Avilés. Teníamos a Eugenio de Badajoz, farandulero de Olivenza gracias al cual el Alto de Aboño se convirtió en huésped temporal de Manolo Escobar y de varios miembros de la troupe de no sé qué torero famoso. Estaban las hijas de Eugenio. Y estaba Martín, un albañil cordobés que con su camiseta de tirantes parecía la encarnación de Marlon Brando en el papel de Lev Kowalski. Y estaban Marisol y Carmina, subiéndose a todos los tranvías llamados deseo. Y estaba mi tía abuela, Casimira, concluyendo sus días entre recuerdos de la Pampa, donde había trabajado en una hacienda entre gauchos de origen galés. Había dos televisiones, y en torno a los combates de Urtain y Cassius Clay, las aventuras de Manix y los Intocables, El Virginiano y Bonanza, Massiel cantando triunfalmente el La La La y Armstron pisando la luna, se tramaron tertulias memorables. Todo era un buen pretexto para estar visitándose en aquellos días de finales de los 60, y la gente entraba de casa en casa como si en realidad compartiésemos todos un mismo espacio. Al volver del trabajo mi hermano abría la ventana, ponía en su tocadiscos alguna música ye ye y enseguida se arremolinaba en la calle una tropa de gente joven ensayando el twist y el rock and roll, pidiendo bises o algún disco favorito, y estaban los Yéminis, un grupo musical de Aboño que, en cuanto a imagen, con sus flequillos y tupés, eran una réplica muy convincente de los Beatles a escala local. Tantos amaneceres, y tantos anocheceres en el Alto de Aboño; habla memoria, habla . La memoria tendría que hablar como el viento, porque recordar una vida en el Alto de Aboño es recordar el viento. Pero sobre todo el viento huracanado que una noche de 1973 descargó sobre la colina e hizo temblar las juntas de todas las casas. Toda la noche, a oscuras, oímos caer tejas, rodar piedras, entrechocarse objetos, volar balas de hierba, mugir el ganado. Cuando amaneció, la tenada de mi abuelo se había desplomado y los daños eran considerables. España cambiaba, el Alto de Aboño empezaba a quedarse al margen de los tiempos y muchos vecinos emprendieron la partida. Desde entonces, con parte de su techo desplomado, el Alto de Aboño colgaría como un albatros muerto sobre la colina. Pero a lo largo de los 70 siguió existiendo vida, y hasta la quintana donde jugábamos los críos llegaban las noticias de la década: el terremoto de Managua, el golpe de estado en Chile, el atentado de Munich. Y seguían formándose tertulias y conceyos por las noches, en torno a los episodios de Curro Jiménez, Starsky y Hutch. En los 80 uno descifraba los vértigos de los cuentos y los poemas celtas de Dylan Thomas, la gloria de la literatura latinoamericana al completo, y tantos otros libros que leídos allí tenían un sabor especial. Begoña Ares, quizá la chica más guapa de Gijón, se tendía en las tardes de verano sobre la arena de Peñamaría, y Juan Antonio Fonseca caminaba sobre los acantilados con todo Rimbaud y con todo Baudelaire en su cabeza. Mis padres siguieron allí durante toda la década de los noventa, cuidando a mi abuela, hasta que fueron desapareciendo: primero mi padre, después mi abuela. Y un día de 2001 cerramos la puerta de la casa para siempre, y se la entregamos a un capataz de Tudela Veguín.Cuando recuerdo toda una vida en el Alto de Aboño, siempre aparece envuelta en una especie de magia especial. Subiendo monte arriba un día de otoño, desde la playa de Peñamaría, y en compañía de Barry Cunliffe, le oí decir algo que quizá explique un poco esa magia. El mundo celta, inmenso como era en extensión, sucumbió finalmente a Roma porque Roma tenía un centro hacia el que convergían todos los caminos y desde el que irradiaban todos los sentidos: se buscaba y se quería imperial. Los celtas eran ajenos a toda idea de imperio. No había ninguna Roma entre Finisterre, las orillas del río Aboño y las orillas del río Elba. Los celtas construyeron caminos íntimos, caminos de la memoria: las corredorias (como la corredoria donde aspiré el olor de aquellos helechos), los senderos que llevaban hacia la playa o hacia el río. Pero sus druidas sabían que todo ese inmenso tejido de caminos encerraba un sentido: el secreto y el centro del mundo celta no era una ciudad poderosa, sino algo que se oculta en el corazón, en el interior. Muchas veces, de cara al Atlántico desde el Alto de Aboño, “facing the ocean” como Barry Cunliffe, he escuchado muchas veces el susurro de esa antigua sabiduría. Tal vez por eso vuelvo con frecuencia en sueños al Alto de Aboño. Tal vez escribo estas líneas para que alguien sepa que el Alto de Aboño y las playas de Peñamaría y Xivares no son sólo un montículo y unos arenales que separan las ambiciones capitalistas de las aguas del Océano Atlántico. Son parte de la geografía de Asturias: forman parte de las líneas de su canción. Mejor decirlo quizá en la lengua melodiosa como el viento que te nombró: Slán go foill, Aboño; adiós, Aboño.

Ramón J. García

17 noviembre, 2006

El Musel - Rebelión

La ampliación del puerto de El Musel de Gijón, hipoteca asturiana

Miguel Ángel Llana - Rebelión

La ampliación del puerto ha sido gestionada a calzador. No se ha decidido una u otra opción en base a unas cifras, en algo que se pueda medir y valorar. La playa y la bahía de Gijón se salvaron de milagro de la quema inicial, aunque está por ver aún en cuanto serán afectadas. No ha habido argumentos de cómo debería ser y para donde ampliar, todo se convirtió en un pulso sin que la decisión final tomada, o la contraria, se supiera muy bien por qué se tomaba.

La ampliación se basaba en unas previsiones del incremento del tráfico de toneladas, mercancías, barcos y de calado que consistían en ir sumando crecimientos anuales en cuantía suficiente para que se pudieran justificar la ampliación y se llegó a decir que el negocio era la propia ampliación. Millones de metros cúbicos, toneladas de piedra, de cemento, camiones, todo en cifras millonarias, euros incluido, pero ¿y la rentabilidad?

El puerto estaba infrautilizado y así sigue, medio vacío, pero nada comparado a cuando finalicen los kilómetros de espigones proyectados. Una vuelta por La Campa de Torres y un paseo hasta el faro, deja atónito a cualquiera. Desde la altura, aunque diminuto, todo se ve mejor, salvo la polvareda rojiza de la descarga de mineral y las peñas del cabo, ayer llenas de gaviotas, están hoy desiertas y el color intenso del mar, turbio y revuelto, presagio de cualquier cosa para el entorno, incluida la playa y bahía.

Mucha autopista del mar, pero sin barcos que lleven y traigan esos millones de toneladas, que no sea el carbón y mineral de siempre -mientras dure- pero, como se ha de buscar salida al negocio de la ampliación y, como las cuentas no salen ¿Qué salida queda? Pues dedicar las instalaciones a actividades extra portuarias, que nada tienen que ver con la costosísima infraestructura prevista, a la “fabricación” de energía.

Ya en la discusión de la ampliación, en mitad del tira y afloja, se apunta a que en el dique Norte se colocará un parque eólico de unos Megawatios, pero ¿cientos de millones de euros para hacer diques donde colocar aerogeneradores? Pues sí, pero la huida hacia ninguna parte continua con una cuantiosa inversión en una regasificadora, para cubrir necesidades energéticas que ya están cubiertas y más problemas medioambientales, de seguridad y de todo tipo, sólo para justificar la ampliación, pero ahora, ¿qué hacer con el gas? Pues construir diez centrales de ciclo combinado, cuando ahora ya exportamos la mitad de la energía que producimos, nos metemos a producir mucho más de lo que nos ya sobra. Pero estas centrales consumen 3,2 Hm3 de agua al año (10 por 3,2 igual a 32 Hm3/año). Y nueva huida hacia delante que se llama el embalse de Caleao, que les dará 33 Hm3/año, pero destrozando el valle. Y con tanta corriente, más problemas, pues hay que exportarla con más líneas de muy alta tensión (400KV) con tantos problemas o más que todo lo anterior, como las proyectadas de Lada-Velilla, Soto-Penagos, etc.

Pero, más huida y nueva ocurrencia, ocupar el puerto con una planta de biodiesel, importando biomasa, para más de lo mismo, que contrariamente a lo que se dice, esta energía no es renovable ni tampoco limpia, quema como las demás y echa sus residuos al aire, que son distintos, pero también contaminantes.

Las dificultades de financiación y de rentabilidad de la inversión en el puerto, no se pueden compensar con más y mayores inversiones, cuando ese es precisamente el problema, no es solución más de lo mismo, salvo que ese sea el negocio o que se trate de más huida hacia delante. Es más, si se repercuten las costosas infraestructuras en la energía que se pretende generar, el watiohora saldría por las nubes.

Tantos millones en proyectos enormemente intensivos en capital, que no crean empleo ni actividad adicional, impiden y excluyen el desarrollo de otras actividades y se agrava la crisis y la leyenda urbana. Ninguno de estos proyectos sirven para crear riqueza ni dar trabajo, simplemente importamos unas materias primas energéticas, carbón, gas y biomasa que enlatamos, sin valor añadido alguno, pero con unas inversiones cuantiosas y unos costes de estructura y ambientales tremendos, para salvar las inversiones de un enorme Puerto vacío y muerto y dar cauce a la colocación de dinero en inversiones millonarias fáciles y seguras, pero que además de no aportar nada a la región y a su gente, la hipotecan de por vida.


16 noviembre, 2006

Chapuza del cemento en Asturias - (Aut.Port. Avilés)

29/03/2006
EL CEMENTO EN ASTURIAS, ASUNTO DE ESTADO
Sobre el dilema cementero que, como se sabe, la Autoridad Portuaria deberá decidir el día 31 de Marzo, no se advierten opiniones políticas –este no es su foro, parece ser- la cúpula empresarial permanece pasiva ante lo que se ventila; y estas conductas mueven a la perplejidad. Desde el mundo real, que por razones de trabajo conozco bien, y en mi condición de miembro de una Institución de Derecho Público, a quien no represento, encargada de la microeconomía –la economía de la empresa-; conviene trasladar a la opinión pública lo que tiene delante el responsable portuario: el sistema de libre mercado permite la entrada y salida de vendedores y compradores; una empresa trata de entrar, pero la otra tiene el monopolio o poder de mercado (un solo vendedor en lugar de varios), consecuencia de la ausencia de competencia, cuestión solapada de interés general.
Si la Autoridad Portuaria no se ocupa de establecer una clara separación entre la empresa normal –la que actúa en competencia- y el monopolio; todo el conjunto de normas, tanto administrativas (concesiones, subvenciones, etc) como mercantiles (plazos, precios, normas de gestión, usos comerciales) que están pensadas para aplicar al empresario normal, al ser aplicadas a los monopolios, se vuelven en contra del interés general. Por ello, toda información útil aportada a la opinión pública no tiene carácter confidencial, y, si se le priva de la información en razón de la confidencialidad, no puede comprobar que la decisión tomada es la adecuada. Frente al caso de un empresario normal que actúe sometido a la competencia y que tiene derecho a mantener confidenciales numerosos datos, el monopolio no puede tener ese derecho, justamente porque el consumidor no puede hacer lo que hace en los casos en que funciona la competencia: irse a comprar a otra empresa.. El producto, antecedentes históricos.- El cemento, la base de infraestructuras y edificaciones, es un producto intermedio en la actividad constructora, materia prima de la industria de materiales. No lleva en su interior ni proyectos, ni diseño, ni publicidades; los tres factores apreciados. Su cliente, la construcción, fabrica un producto de alto coste unitario denominado obra: pública –inversiones de capital fijo de rendimiento social elevado- y vivienda –bien de consumo duradero, bien de inversión de alto valor-. La construcción, el consumidor final, es un sector de competencia local (las obras y las casas no se pueden transportar); los constructores trabajan con las condiciones que se den en cada mercado. Y el principal cliente de la construcción es el Estado, a través de la Obra Pública. El transporte es el factor clave de su comercialización. Mover 25Tm. en un camión más de 100 Kms., resulta caro. Los movimientos se producen cuando existe acceso marítimo, pues el transporte por barco es el único medio que por su volumen de carga es capaz de reducir el coste. El precio del cemento estuvo intervenido por el Estado desde el final de la Guerra Civil hasta 1980, año en que se liberalizó. Así comenzó el proceso de liberalización de la economía. Desde entonces, no se logró en Asturias el propósito de aquel gobierno: fomentar competencia real y efectiva, lo que significa coste menor de la materia prima. Los precios han sido y siguen siendo linealmente crecientes, los mas altos de España. El mercado y sus causas.- Entre el vendedor y el cliente (constructor-industrial) existe una enorme diferencia de potencial financiero. Dicha diferencia, apoyada por la nula competencia, permite al vendedor imponer sus precios, que no se forman ni se ajustan libremente en el mercado, sin ningún protagonismo por parte del cliente. Y, a través de efectos secundarios, esta imposición se traslada a los grandes contratistas de Obra Pública. Estas son las reglas, no hay otras. Por otra parte, el proceso de integración vertical llevado a cabo por el grupo cementero, debido a la capacidad financiera generada en estas décadas, tanto hacia atrás (canteras, áridos) como adelante (hormigón, morteros, prefabricados), supuso que parte de las empresas consumidoras quedaron absorbidas. La fuerza de negociación por el lado de la demanda es menor respecto a los precios de suministro, ya que la oferta de cemento/hormigón se concentró, adquiriendo ésta más fuerza. El poder de la oferta predomina sobre la capacidad de presión de la demanda, la voluntad del cliente. Este desequilibrio unido al coste del transporte convierte al libre mercado, en la práctica, en un mercado cautivo, uno más de los activos del balance del vendedor; su mejor activo protegido por barreras naturales.
Los efectos.- Esa concentración excesiva de la oferta frena la entrada de nuevos competidores a los sectores conexos por ser proveedor y competidor, perjudica la competitividad de los materiales: la importancia de la materia prima es tal que la capacidad de reducir el precio, mejorando el proceso productivo y distributivo, es nula; margina la industria –productos maduros- al mercado interior que ha de batirse con competidores foráneos arrebatando pedidos. Así andamos ahora en campaña de materiales, rozando el fundamentalismo del mercado, lo que evidencia que a la economía la dirige los precios; en política comercial estas son las reglas, no hay otras.
Y, en segunda ronda, a los ciudadanos doblemente. En términos generales, el valor relativo que representa el coste del cemento en el volumen de la obra es bajo, atendiendo a la tipología de la obra. No así, el efecto multiplicador traslativo del mínimo desajuste en el precio de suministro que, al penetrar en la cadena del valor de la construcción en forma de hormigón preparado o prefabricado, se convierte en un coste inflacionario añadido al producto fabricado; que el ciudadano compra y paga como consumidor-inversor de un bien de consumo duradero (vivienda) y como contribuyente (mayor esfuerzo fiscal para financiar la Obra Pública). A mayor volumen mayor efecto multiplicador. Esta inflación, aunque no se manifieste en el coste de la vida, queda aquí (las casas y las obras públicas no son transportables). No es casual que Oviedo tenga la vivienda un 27% más cara que una capital como Valencia, cuya población es diez veces mayor, según la Sociedad de Tasación.
El poder de mercado.- En el mercado del cemento constituido en la zona Norte del área geográfica como monopolio estructurado regionalmente, una empresa en cada región, y oligopolio (unos pocos) a nivel nacional controlando el mercado al definir los precios por regiones; la única forma posible de forzar a la baja los precios es que se permita la libertad de entrada a nuevos competidores, gracias al acceso marítimo. Digo posible, porque las cementeras del oligopolio -compiten en todo menos en precios- para apuntalar el entramado del que surgen los beneficios de monopolio. En suma, economía cerrada en el s.XXI para un producto del XIX. Además, una inversión en la primera producción (clinker, fase contaminante del proceso) para una industria de capital intensivo, cuando la base productiva está localizada en terceros países por imperativos del desarrollo económico, que precisa de un fuerte respaldo financiero sin el atractivo de la innovación tecnológica, acosada por los ecologistas, y sometida al ciclo de la construcción; en Asturias, una región con dos puertos aspirantes al referente granelero del Norte de España. Dicha inversión no resulta creíble (o algo peor), según reglas de criterio humano. La correlación: modelo cerrado-inversión inviable es el mecanismo que establece las barreras de entrada a la competencia. La mera tenencia atribuye el poder de mercado y los precios –rentas- resultantes al monopolista.
El impacto que ha tenido la competencia en los mercados del arco Mediterráneo, con el hundimiento de los precios, ha supuesto una baza para presionar a la baja los precios del hormigón, y la capacidad real de vender en cada punto de consumo del área geográfica nacional para la industria de materiales, pese al inconveniente clásico del coste asociado del transporte. Una parte significativa de la riqueza generada por la construcción se trasvasa en compras de materiales derivados de alto valor añadido fabricados en esa zona. La experiencia muestra que la llave de todos los negocios industriales consiste en controlar las materias primas.
No parece justo que el conjunto de consumidores y ciudadanos paguemos precios que encierren rentas de monopolio, y nos hace de peor condición, en relación a competitividad y poder adquisitivo, al situarnos en clara desventaja respecto a los de zonas de máxima influencia económica donde consideran: problema superado.
En economía real, la economía de las cosas, los procesos son acumulativos; cuando algo va mal, van muchas cosas mal a la vez.
El solapamiento, la confusión y las trabas administrativas solamente refuerzan posiciones de privilegio, a quien ya se encuentra en el mercado, sin aportar beneficios a nadie; porque el mercado no funciona eficientemente, aunque algunos les va bien; así de claro.
El tratamiento al administrado en general no debe ser el mismo que hay que dar al administrado monopolio, debido a su inmenso poder. Fdez-Ordoñez escribe: “Los monopolios siempre están dispuestos a hacer concesiones en negociaciones secretas, ya que saben que en el secreto de los despachos consiguen mucho más que si sus problemas son discutidos con total transparencia por el conjunto de los consumidores y ciudadanos. Mas que enfrentarse a decisiones desfavorables, lo cual atrae la atención de la opinión pública y puede ser negativo para sus intereses, de lo que se trata es que las decisiones sean favorables a los mismos. Esta técnica es la optima, porque da la imagen de que el interés general ha quedado defendido y, por tanto, no sólo se consigue por parte de los monopolistas que salga adelante su interés particular, sino que además, se evita que la opinión pública se de cuenta de que los intereses particulares se están imponiendo sobre el interés general”. Razón explicativa de la tendencia a la falta de publicidad y transparencia.
Considera Stiglitz.J (Premio Nóbel 2001) funciones del S. Público:“ Proporcionar el marco legal e institucional que permita el cumplimiento de los contratos y la protección de los derechos de propiedad, así como garantizar la seguridad de las personas y las cosas. Promover la competencia entre las empresas, así como proveer de bienes públicos. Proporcionar las infraestructuras sociales, física e institucional necesarias para permitir un funcionamiento eficiente de los mercados. Promover una distribución de la renta consistente con los valores de la sociedad a la que sirve”.
Cabe aplicar al caso algunas reflexiones de dos autoridades académicas de la tierra respecto a la economía de la región. El catedrático gijonés Agüera Sirgo señalaba (11-12-2005) en prensa local: en Asturias hay muchos grupos de poder que viven de la crisis permanente. Y (17-02-2002) el luanquín A. Cuervo:“Los monopolios se consideran como modelos, aunque se apropien de las rentas de los asturianos; a todos los poderes les interesan porque pueden negociar compensaciones. Una empresa que actúa en mercados competitivos nada puede ofrecer y nada demanda, como no sea el correcto funcionamiento de los mercados. Ello explica nuestra pasividad....................................Cuando se es monopolista se puede ser muy regionalista, pues las compensaciones son fáciles de obtener; simplemente mantiene su posición de apropiación de rentas de los asturianos porque todo lo hacen por Asturias”.
Fdez-Ordóñez (C. Nacional del Sistema Eléctrico):“La primera receta para mejorar el funcionamiento de cualquier sector económico es la de tratar que subsistan las menos actividades en monopolio que sean posibles”.
Como en el Sector de la construcción falla el mercado del elemento primario, en la medida de su incidencia social, alguien tendrá que revisar las barreras de entrada, porque si no, esto no tiene sentido ¿de qué sirve emprender un camino de liberalización para acabar en un monopolio?
Por sí solo, el mercado no tiene la fuerza suficiente para compensar el poder del monopolio, tal como hemos visto, y ese inmenso poder es lo verdaderamente preocupante, ya que se extiende a otros ámbitos. Al alcance de todos está intuir la alternativa: o la Autoridad actúa de contrapeso o la región queda condenada a pagar precios de monopolio.
A las empresas (grandes y pequeñas) y al mercado les interesan un Estado firme en donde le compete, entre otras funciones: promover la competencia y la defensa de los derechos de las personas, tanto en su condición de productores como de consumidores. En una región estancada como la nuestra, cualquier Sector económico, en este caso el Sector de la construcción, no puede sostener un modelo industrial de los años 40, con los efectos no deseados que provoca, en la medida en que incide tanto en la industria como en el carácter social del producto fabricado: Obra Pública y vivienda; que va en contra de la política económica del tiempo que toca vivir.
El verdadero patrimonio de una empresa cementera es su mercado. Pero el acontecer económico de la vida de las cementeras está muy condicionado por la evolución y el desarrollo del mercado consumidor. Una parte de la riqueza de la actividad constructora, que es generada por la propia región por el hecho de decisiones políticas, sin posibilidades de ser atribuida a la concreta industria de nadie en particular, debería revertir en la propia región. Dentro de la tragedia empresarial que tenemos –falta de empresa capaz de ser rentable en entornos competitivos-, por lo menos el mercado asturiano de cemento es el más cotizado de toda España, a la vista del volumen de obra a ejecutar y la posición estratégica que ocupa la región en el tercio norte peninsular. Nunca se dieron circunstancias tan favorables para que los responsables de política económica centren su atención en este asunto que el mercado no resuelve ni la opinión pública controla dada la falta de transparencia y publicidad posible.
Los cambios en las regulaciones comerciales y la reducción de costes de transporte marítimo están creando oportunidades a nuevos flujos comerciales. En la necesidad de que la producción sea más barata y competitiva, es preciso recurrir a terceros países con estructura de costes mas barata, si se quiere potenciar una industria más diversificada en materiales de construcción con mayor valor añadido que el cemento con más y mejores productos y servicios a precios más bajos; es decir mayor calidad de vida y más puestos de trabajo. El cemento no es el carbón; ni la construcción, la minería.
La Autoridad Portuaria -el Estado- deberá asumir objetivos que no le son propios, como calibrar adecuadamente sus efectos sobre el conjunto de consumidores y ciudadanos para determinar el sentido de la decisión, aunque la información está en manos empresariales y su utilización por la Administración resulta materia delicada. Y, en esta singularidad, para que cumpla con su segunda razón de ser: promover la competencia. Lo demás puede hacer más mal que bien, según enseña la experiencia histórica.
Avances que son vitales para el bien de la industria, el empleo, los consumidores y del propio Estado. Una sociedad educada, laboriosa y ahorradora como la nuestra exige decisiones basadas en la ciencia y la experiencia para evolucionar positivamente; no en criterios vinculados por regionalismos o servidumbres de carácter medieval. Las personas no son mercancía, no están sujetas a las reglas del mercado, sino que se benefician del elemento básico del sistema: la competencia.
Hoy día 27, exactamente a cuatro días de la decisión, podemos contrastar todo lo anteriormente expuesto por la nota de prensa aparecida que literalmente trascrita dice así: “Tudela Veguín vincula su plan a la ampliación portuaria en la margen derecha de la ría.......para actividades relacionadas con la manipulación de escoria....advierte del peligro que supondría la apertura de una molienda de cemento para el empleo en las fabricas que ya funcionan en la región y se apela al nacionalismo económico en base a la teoría de que Asturias es una comunidad autosuficiente en materia de cemento y, en consecuencia, no necesita de nuevos productores”.
Aquí hace falta que el responsable portuario se convenza de que la solución viene desde dentro, no de afuera, tal como sucedió en otros lugares. Si queda desierta la concesión hasta que la iniciativa privada autóctona desarrolle un proyecto con peso y reputación suficiente, como para introducir rivalidad en el mercado interior, en balance la región ganaría más de lo que pierde.
Este razonamiento se basa en las ventajas comparativas respecto a los demás (posibilidad del transporte marítimo, posición estratégica) y en la teoría del cemento acumulado. Según esta tesis cuando una región ya ha construido sus infraestructuras y ha albergado dignamente a su población, el consumo se estanca a un determinado nivel; el mercado ya está maduro y convierte al cemento en un mal negocio. No es el caso de Asturias.

Álvaro Fernández Vega Consultor-Asesor. Construcción Miembro de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio Oficialde Titulados Mercantiles y Empresariales del Principado de Asturias.


14 noviembre, 2006

El Musel [Chapuza II]

ZALIA/Puerto de El Musel: el rey está desnudo

Los vecinos de San Andrés, Serín y Montiana se han ido a Estrasburgo a ver a los eurodiputados, y a recabar su apoyo, para oponerse a la gestión urbanística del Ayuntamiento de Xixón, que ha señalado, con el terrible rayo de la expropiación, las praderías del Oeste xixonés como reserva de suelo para la creación de una denominada Zona de Actividades Logísticas, con una superficie bruta de 4.000.000 de metros. Dejando aparte el debate sobre si el sistema de expropiación es adecuado para gestionar el urbanismo, o sobre la conveniencia de que la iniciativa privada haya sido expulsada de la creación y puesta en el mercado de suelo industrial, sería conveniente analizar cual puede ser la justificación racional (especulación aparte) de un invento de nombre tan rimbombante (en adelante ZALIA).

La futura ZALIA no tenía, ni tiene, más justificación que su proximidad al puerto de El Musel, y secundariamente al de Avilés, y el supuesto boom portuario que nos prometían el tandem Areces-Pesquera-Felgueroso, boom portuario que se derivaría, y a su vez fundamentaba, la famosa ampliación de El Musel, cuanto más grandona, mejor; para vestir este muñeco, que a su vez es el que viste la ZALIA, la Autoridad Portuaria pintó sobre el papel unas previsiones de tráficos que justificaban tales bendiciones, previsiones que para este año 2004 eran de 24 millones de toneladas; la realidad pura y dura es que no superarán, y con dificultad, los 19 millones, más o menos lo mismo que en ejercicios anteriores; pero no es solo eso. Los fundamentos del crecimiento de tráfico previstos en el plan de futuro se están viniendo abajo (están naufragando, diríamos mejor) uno por uno: Arcelor, como era previsible, no va a incrementar significativamente la producción de alto horno (carbón siderúrgico y mineral de hierro), ni va a instalar el horno eléctrico (chatarra); el tercer grupo de Aboño (carbón importado), tras el reparto de los derechos de emisión de contaminantes consecuencia del protocolo de Kioto, cada vez está más en veremos, como en general el tráfico de carbón térmico; en cuanto a la regasificadora, cuya construcción sigue estando en el aire, es neutral a estos efectos, porque los buques gaseros se limitan a enchufar la manguera de los tanques en una boya en alta mar, de ahí va a la regasificadora, y de la regasificadora al gasoducto, sin que en el puerto de El Musel , y mucho menos fuera de él, se genere movimiento alguno de mercancía; la carga general sigue cayendo (500.000 ridículas toneladas es lo que mueve El Musel); el desembarco de productos petrolíferos sigue cayendo; las tarifas portuarias, verdadero talón de aquiles del puerto, siguen subiendo y todavía subirán más, para financiar la ampliación; en definitiva, y como en el cuento, el rey está desnudo.

Conviene señalar, para quien no lo sepa, que la superficie sumada de todos los polígonos industriales existentes en Xixón no supera actualmente los 2,5 millones de metros; la superficie industrial que está en estos momentos en ejecución (Los Campones, La Peñona, una pequeña en Porceyo, Somonte II, Lloreda, el Parque Tecnológico) suman 1,5 millones de m2; es decir, que en los próximos 3 ó 4 años tendremos en oferta una cantidad de metros igual al 60 por ciento de todos los polígonos industriales actualmente en servicio, producto de 50 años de industrialización; es verdad al mismo tiempo que los empresarios se quejan de escasez de suelo y, sobre todo, de su carestía; pero ello no es por falta de superficie, sino porque los encargados de su desarrollo han estado durante los últimos cinco años "mirando les musarañes", y porque se ha expulsado a la iniciativa privada de la promoción de suelo industrial (sin que por ello se hayan moderado los precios); el problema no es de superficie, sino de capacidad de gestión, y en esta materia tanto SOGEPSA (Los Campones), como el Ayuntamiento de Gijón (Somonte, Lloreda), como SEPES (La Peñona) dejan bastante que desear; la calificación de suelo, en definitiva, es absolutamente inútil si no va acompañada de una gestión y desarrollo diligente de esa superficie para crear parcelas industriales, con accesos y con servicios; desde Somonte I, el ayuntamiento de Xixón no ha puesto en servicio ni un solo metro de suelo industrial más, ni tampoco ha dejado (como el perro del hortelano) que lo desarrollara la iniciativa privada.

A la vista de todos estos datos resulta evidente que la calificación de 4.000.000 de metros cuadrados de suelo industrial en San Andrés/Serín resulta totalmente innecesaria; mucho más si a esa calificación se le suma el sistema de expropiación; mucho más si tenemos en cuenta la próxima puesta en servicio (esperamos) de La Peñona, Los Campones y Lloreda; mucho más si el destino de la ZALI es atender las necesidades logísticas del el puerto de El Musel (¡¡??); ¿qúe necesidades? Venta de Baños está vacía (literalmente); la terminal de contenedores está vacía; la rampa para los ferries está vacía; la terminal de graneles funciona bien, pero las cargas van directamente de la bodega a la cinta transportadora; ¿qué actividades logísticas son esas? ¿otro "puerto seco", a cinco km. del puerto húmedo?

Con este panorama, la famosa ZALIA, como el famoso Puerto Seco de Venta de Baños, que no es sino otra "zalia piquiñina", quedarán al final para la cría de caracoles y el retozar de raposos; una hermosa explanada llena de vacío, como los grandiosos espacios construidos por los totalitarismos recientes, y en general por todos los totalitarismos: monumentos a la megalomanía.

Fdo. Xesús Cañedo Valle

El Musel [Chapuza I]

El año 2004 se despide de los gijoneses y de todos los asturianos con una grata y deseada noticia; al fin, después de 4 años de proyectos, maquetas, indecisiones, enfrentamientos políticos… etc. parece que empieza a estar todo bien hilvanado y el día 17-12-04 nuestro Presidente, el Sr. Areces, acompañado del presidente de la Autoridad Portuaria el Sr. Rexach y demás autoridades comunica oficialmente:”Hay días en la vida que merecen la pena”. Y empiezan a Tini-tararear los primeros cientos de millones de euros, en esta ocasión 247,5 que aportan los fondos de cohesión de la U.E para El Musel. Las obras de ampliación del puerto de Gijón ya habían sido adjudicadas el pasado mes de julio en 580 millones. Lógicamente, como cualquier obra publica que se precie, a esta cantidad habrá que añadir la proyección de”añadidos” que resultan de una adjudicación concedida a la baja. Más los costos de la ampliación de la explanada de Aboño (¿alguien conoce Aboño, y el Alto de Aboño?). Más la destrucción de San Andrés de los Tacones para la ZALIA (¿alguien conoce San Andrés de los Tacones?). O sea, la mayor obra de infraestructura jamás realizada en Asturias.

A pesar de los años, sigo manteniendo cierto toque de ingenuidad: bueno, al fin y al cabo, podría tratarse de algo bien hecho, diseñado y pensado, algo beneficioso para todos, pienso. Y además avalado por Europa, pienso. Si los organismos europeos la financian, el proyecto tendrá que ser un buen proyecto ¿no? ¿Qué curioso? pues no. Al cabo de dos años, inevitable en este mundillo de pandereta, todo se revela una chapuza. Otra…Claro, dado lo colosal de la inversión, la chapuza no puede ser menos colosal.

Ahora resulta que la Autoridad Portuaria no entiende, cosa lógica, de explotaciones de canteras, y en consecuencia se lava las manos a la hora de responder a la pregunta: ¿y de dónde proceden los rellenos? ¿Pero, quién realizó el proyecto? ¿Cómo es posible que no se tuviera en cuenta este aspecto? Solución: Aplicamos el articulo 33. Como el puerto es un bien público de interés nacional, nos saltamos a la torera el proyecto original, nos inventamos nuevas necesidades, apoyamos los poderes económicos de la Unión Temporal de Empresas (U.T.E) que ejecuta la obra y,… casualidades de la vida: ¿el más beneficiado en esta aberración?… Saquemos conclusiones: desde principios de los años1970 (en que se inaugura la segunda fase de la fábrica de Tudela Veguín) el valle de Aboño, el Alto de Aboño, fue convirtiéndose progresivamente en un valle inhabitable. Añadamos Hidroeléctrica del Cantábrico con las térmicas en fase 1 y posteriormente fase 2. Dada la degradación del territorio, la familia propietaria de Tudela Veguín se aprovechó para adquirir propiedades a muy bajo costo. Un dato: en 1990, Tudela Veguín S.A compra en el Alto de Aboño 94.200 metros cuadrados, más 16 viviendas, por 21.000.000 de pesetas (126.506,02 euros). En el año 2000, un 60% de toda la superficie del Alto de Aboño es propiedad de Cementos Tudela Veguín. Bien, en el proyecto original de ampliación del Puerto de El Musel nunca se contempló la ampliación del puerto fuera de las fronteras del municipio de Gijón. ¿Cómo es posible que en el 2006, la Autoridad Portuaria asegure que está realizando expropiaciones en el Alto de Aboño? ¿A quién expropia? Este verano del 2006, la Autoridad Portuaria no expropió: compró. Compró a uno de los pocos propietarios que aún quedan en el Alto de Aboño (con independencia de Tudela-Veguín, claro) 7.000 metros cuadrados de terreno por 40 millones de pesetas, ¿y el resto…? ¿A La Autoridad Portuaria no se le debería exigir transparencia en las negociaciones para la adquisición de los terrenos de la cementera? Si el mayor propietario de los terrenos es/era Tudela Veguín, ¿cuánto le pagó? ¿Y qué plusvalía adquirieron los terrenos desde 1990 hasta 2006? Unos terrenos con un altísimo nivel de contaminación, degradado en su totalidad por las plantaciones indiscriminas de eucaliptos por parte de la cementera a medida que adquiría terrenos de aquella manera ¿cómo permitió el ayuntamiento de Carreño estas plantaciones ilegales según sus propias normativas? Sorprendentemente, ¿sorprendentemente?, quien ahora solicita la licencia para el desmonte, allanamiento, destrucción del Alto de Aboño es Tudela Veguín, con la aquiescencia, beneplácito, bendición y viabilidad del Principado de Asturias (30 de octubre de 2006). Este verano de 2006, nuestro presidente el Sr. Areces visitó Aboño en compañía del propietario de Tudela Veguín (Masaveu). Aseguró no tener conocimiento de problemas vecinales. Aseguró que los vecinos de Carreño han de tener amplitud de miras. Es cierto. Pero, en la actualidad, la cementera está extrayendo 8 mil toneladas diarias de machaqueo para su factoría de Aboño, más el material propio de escombrera, que ahora sirve de relleno para la ampliación del puerto de El Musel. Bien, ¿qué amplitud de miras se les exige a unos vecinos que soportan el 50% del CO2 que produce Asturias? Claro, el dato puede ser broma, teniendo en cuenta que Asturias es un Paraíso Natural, pero es que este paraíso de escasamente un millón de habitantes produce el 10% del CO2 nacional, con lo cual los vecinos de Aboño soportan el 5% del CO2 nacional (de España…entera). Bueno, como Aboño ha de ser una cloaca, pues vale: pero, la nueva ampliación de la cementera, con una proyección a 50, 60 años, pasará de 8.000 a… ¿cuántas toneladas de extracción diaria de material para hacer cemento? Dado el conflicto medioambiental que ocasiona la extracción de piedra caliza en Asturias, la Universidad de Oviedo hizo un estudio, en San Cucao de Llanera, sobre la viabilidad de estas explotaciones subterráneas. Actualmente, las instalaciones de extracción de material para la cementera en Perlora están a la cota -50 metros, y bajando. No existe ningún proceso de regeneración en esas instalaciones. De aquí a 60 años, ¿qué?

Bien, el superpuerto de El Musel basa sus cifras siempre partiendo de un dato repetitivo, obsesivo, único y pluripermanente, el único: es el mayor puerto en movimiento de gráneles sólidos de España. Esto es todo lo que sabemos y así lleva más de 30 años. Nuestro presidente, Sr. Areces, tal vez recuerde cuando hacía el mayor de los ridículos dando la bienvenida, entre carbón, a los famosos ferrys prometidos que nos iban a dar múltiples satisfacciones con los ingresos del turismo. ¿Cuántos ferrys atracaron en el puerto de El Musel en el 2006? ¿Tres? El Sr. Rexach, bien que se explayó con la famosa línea ro-ro para el embarque de automóviles. ¿Cuántos automóviles embarcó en el 2006 El Musel? ¿Cuántos contenedores mueve El Musel? …
¿Qué entendemos por graneles sólidos? Cemento y clínker procedente de la cementera de Aboño, hulla siderúrgica y térmica. Y mineral de hierro. Es decir, tenemos un superpuerto nacional al servicio de la Mittal en el caso del mineral de hierro y del carbón siderúrgico. Y una hulla térmica enroscada en su propio chanchullo: no es hulla extraída de las labores mineras asturianas: sino comprada, vaya usted a saber de qué manera, en Brasil, Sudáfrica, Polonia…Los asturianos de cierta edad siempre tuvimos una imagen: camiones, trenes, cargados de carbón en dirección a El Musel para su exportación. Sorprendentemente, en estas últimas décadas, la imagen se nos ha invertido: ¿a qué se debe? ¿No será que las explotaciones mineras compran carbón procedente de otros países para después venderlo como propio y así acogerse a subvenciones? Es decir, El Musel alimenta la chapuza nacional. ¿Y qué hacen las autoridades políticas para evitar esto?... Ampliar El Musel…

¿Y cual es la cuarta pata que sostiene a El Musel? Nos queda… la obra. Hasta no hace muchos años, se denominaba “J.O.P” (Junta de Obras del Puerto) a la actual Autoridad Portuaria, y es una lástima haber cambiado su denominación original, porque el puerto gijonés es obra, obra, obra, obra nunca acabada, infinita obra, y así desde el principio de los tiempos. ¿Tienen algún sentido las obras del Musel? A mediados de los años 80, se preparó, se amplió, en fin, El Musel creó en Jove una explanada maravillosa, grande, iba a servir para todo. ¿En qué se convirtió la explanada de La Figar? No…no hay terminal de ferrys…hay…terminal de obra- depósito y almacenamiento para la nueva obra. Y así constantemente, generamos explanadas robadas a la mar en Asturias para almacenaje de materiales…de nuevas obras. Es decir, chapeau a la UE por el apoyo económico a estas magníficas inversiones.

J. Pablo - Ramón J. García.